• Arturo López

Las decisiones de los líderes

Tomamos decisiones todos los días durante muchos sucesos: ¿qué me voy a poner de ropa?, ¿qué hago primero de mis pendientes?, ¿qué puedo hacer para aclarar esta situación?, ¿cómo resuelvo este problema que tengo en el trabajo?, etc. Esta acción forma parte de la humanidad y especialmente de ciertas posiciones en las organizaciones.


Una de las razones principales por las que un líder ocupa esa posición es precisamente para tomar decisiones. A lo largo de las diversas situaciones que enfrenta día con día debe decidir en diferentes momentos, algunos con tiempo y condiciones favorables para tomar la decisión y otras con bastante presión para hacerlo.



Pero ¿cómo es que aprendemos a tomar decisiones?, ¿recuerdas quién y cómo es que te enseñaron? Decidir es una habilidad que se va formando con los años y que desde la infancia debe de ir fomentándose para tener confianza en lo que se decide y sobre todo en asumir las consecuencias de los actos.


Cuando un niño decide (dentro de un marco establecido por el adulto) acerca de qué ropa quiere ponerse, comienza a sentir confianza y empoderamiento de elegir y de saber que es capaz tomar una decisión. Nos conviene como padres, educarlos desde pequeños en esta habilidad para que vayan confiando en ellos mismos.


Uno de los miedos más comunes al tomar decisiones es sin duda las consecuencias que estas tengan, sobre todo si afectan a terceros. Este temor tiene mucha relación, tanto en casa como en las organizaciones; con el manejo del error.


La forma en como se manejan las consecuencias de una decisión que falle crea una cultura de comportamiento en cuanto a tomar decisiones por parte de los líderes y colaboradores. Por ejemplo, si una persona recibe la autorización para decidir sobre algún proyecto y una decisión que toma es perjudicial para el mismo, ¿qué pasa con su jefe?, ¿cómo reacciona ante ello?, ¿lo respalda también ante las consecuencias o solamente fue empoderamiento de palabra? Si el colaborador recibe un trato hostil, esto produce que difícilmente vuelva a querer tomar decisiones o que los demás a su alrededor vean lo que sucede y prefieran mejor que otro decida.





No hablo de que el colaborador no asuma su responsabilidad, al contrario; debe hacerlo y aprender de lo sucedido, pero no de tal forma que prefiera no decidir. Todo esto se conoce como manejo del error y es un tema íntimamente ligado a la toma de decisiones. Si sabemos qué hacer cuando alguien se equivoca y lo responsabilizamos y hacemos que aprenda de eso en lugar de culparlo y exhibirlo; entonces podemos crear una cultura de toma de decisiones con seguridad.

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